June 2011
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i hate you
DOS:
Marlen creció en el campo, la criaron para ser una mujer más, le enseñaron a coser, a cocinar, a limpiar. Pero nunca le enseñaron a amar. Recibió muy poco amor de sus padres, por consiguiente, ella es igual. No tenía mucho, y eso dio paso a que la ambición se la comiera a bocados grandes.
Son las 9 en punto. las tortillas se inflan del vapor que despide el sartén, un aroma exquisito ronda por toda la casa, en la mesa, un omelette con queso ya hacía en un plato, los cubiertos en la mesa bien puestos, las servilletas bien dobladas, y claro, té.
Marlen toca el timbre, y Jalil la recibe.
-Marlen, buenos días. Ya no tendrás que tocar, aquí está tu llave.
-Gracias Señor, ¿qué comienzo a hacer?
-¡Ah, ah, ah! ¿En qué quedamos?
-Lo siento Jalil…-Lamentó Marlen
-Muy bien, sube, el desayuno está listo…
Ella piensa que ella debería haber hecho el desayuno, pero desconfía de su buen sazón, pues hace mucho que no toca una estufa. “Bendito Microondas”, piensa y suspira mientras sube con Jalil las escaleras.
Se sorprende de lo limpia que está la casa, de lo bien preparado del desayuno y comienza a confundirse más.
-Siéntate, espero que te guste- Dice Jalil apretándose los dedos.
-Gracias, ¡se ve fantástico!- Exclama Marlen llevándose a la boca un pedazo de tortilla.
Desayunan y se miran fijamente uno al otro, nadie dice nada, Jalil se siente raro y piensa: “Debí preparar temas de conversación, puta madre. No sé de qué hablar con esta mujer tan hermosa”
Y ella piensa: “Diablos, se supone que yo debería estar limpiando y no estar desayunando felizmente con mi patrón, ¿Debería hablar con él de algo?
Me compre un refresco de manzana y hablé por teléfono un una amiga, nos contamos muchas cosas, quisiera conocerla en persona.
Entre toda esta neblina, usted se puede alojar en la tina. Arrugándose en medio de tanta agua, la suficiente como para ahogar todos los miedos, incluyéndose usted. Descanse en paz, que estaré contemplando toda la espuma que sale de su boca, adorando cada convulsión suya. Vuele con completa calma, para así atravesar las nubes, haciendo orificios para que al fin aquél sol pueda colarse en ellos y dejar a un lado nuestras sombras.
Acuérdese que las flores que me dio, aún están en agua a pesar de tantos gusanos que se formaron en las hojas, hoy están más lindas que nunca. Acuérdese de todas esas canciones que figuraban en aquél pasto cálido que parecía ya nuestra almohada. Acuérdese, por que sé que no lo obtendrá en ningún otro sitio.
Los peces globo aún me ven, cada uno de los tiburones que me han dado una mordida a pesar de alimentarlos, los amo. Usted me dijo que era la naturaleza y la respeto tal cual. Mi naturaleza es amarlo, y la suya es aceptarlo. Cuéntele todas esas veces en las cuales pisé las rocas calientes y aun que quería llorar no fue así, incluya esos momentos en las cuales aquella seña que extermina cada gota de cariño que a usted le tengo, sabrá cual es su reacción. Y si usted se lo hace, podrá predecir que no soportaría ni una sola déspota reacción.
Si giro la moneda y me tiembla el corazón no es por más simple razón que lo estaré escuchando. No mienta, que el cristal empañando de aquél frasco tiene razones, tiene su aliento y su aroma.
Los sueños intercambiados por letras, quizá por la peligrosa curva de todas sus oraciones. Quiero dejar de incluirlo, por que el día que no esté, se quedará el vacío, con los ojos felinos apuntándome, presionando la llaga que hace que ruegue.
Un punto codiciado, la tertulia andante y única, regalando besos por pura caridad. A mí no me importa que sea por puro altruismo o por verdadero amor. Yo lo quiero todo, mientras venga de usted.
Siempre y cuando vos estés aquí. Seguiré cargando este dolor tan espeso que llevo en la sangre y se mutila desde mis raíces.
Gracias Paffy <3
Me llamo Joe, trabajo en una fabrica de botones. Un día mi jefe me dijo: “¿Estás ocupado?” Le dije que no. Presiona el botón.
y de volverme de puro hielo
tiré toda mi vida a la basura,
y ni las ratas se la comieron.
Nadie me persigue pero yo acelero.
Llaman a mi puerta y yo ya a nadie espero.
Pero ¿dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.” —
A fuego - Extremoduro (via 700dias)
En realidad no me importa mucho el nombre de eso que te está oxidando la cabeza. Intenté aplicar la investigación para poder comprender mejor. Y aún que estaba ansiosa por saber qué es lo que corrompía tus pensamientos, creo que lo mejor es olvidarme de eso. Ya lo sé, estoy satisfecha. Pero nunca pensé en lo que puede o podrá ocasionarme a mi. Nada, realmente.
UNO:
En algún sucio rincón de la ciudad, se encuentra Jalil Madrid.
Despierta a las 12:36 exactamente como de costumbre, abre los ojos y lo primero que piensa es en su madre. Tiene un odio peculiar hacia ella. No puede amarla, pues ella nunca le dio amor. Estira las piernas, se quita las cobijas de encima y talla sus ojos con lo nudillos. Se dirige hacia el balcón y prende un cigarro mientras se rasca la frente. Mira todos los techos y algunos edificios. Reciben ya los rayos más fuertes del sol.
Piensa en su hermano y en qué estará haciendo…
-Despertando con alguna bella mujer a su lado, seguramente- Se dice a sí mismo mientras avienta la colilla hacia abajo. Piensa también en la posición en la cuál él está. Al parecer, la más baja.
-Tengo el medio perfecto para tener esta ciudad en mis manos, y consigo la gente que lo habita. ¿Por qué sigo dejando que me pisen?- Dice en murmullos y luego aprieta los dientes.
Lo que Jalil tiene, es razón. También conoce los puntos más débiles de la sociedad. Él sabe que las personas son tan fáciles de comprar como ir a una boutique y elegir algunas camisas. En cuanto abre su billetera, él sabe que ya son suyas. También consigo lleva el verbo pero este aveces no le funciona más que para pedir la cuenta. Es cuestión de billetes para endulzarle la vista tanto como a una mujer como a un hombre.
Observa que el hombre que reparte el periódico se acerca a la puerta y lo deja en el buzón. Se pone unas pantuflas con forma de patas de dinosaurio y pone en marcha la tetera.
Baja las escaleras ignorando que al final de ellas un charco inmenso que se coló la noche anterior. Salta del penúltimo escalón y cae en el agua, mojando completamente sus infantiles pantuflas.
-¡Puta madre! ¡¿Por qué a mí verga?!- Exclama desesperado.
No quiero volver al punto en el cuál lloro por todo D:
Cuéntale las mismas historias que a mi, pero nunca la beses como a mi
prohibirte las cosas sería mi mayor placer y mi forma de morir